Los trabajadores de vehículos compartidos y repartidores merecen el derecho a negociar sus salarios y beneficios

Por Naomi Ogutu

 

La pandemia ha mostrado a todos los conductores de vehículos compartidos y repartidores el poder y el control que tienen las grandes empresas tecnológicas sobre las vidas de los trabajadores como yo, y que necesitamos una verdadera red de seguridad para los tiempos de crisis. Las grandes empresas tecnológicas y de aplicaciones llevan demasiado tiempo explotando a los conductores de vehículos compartidos. Ahora que salimos de una crisis económica y de salud pública sin precedentes, mantener el statu quo es una victoria para las empresas.

 

Como uno de los 140,000 conductores de vehículos compartidos del estado de Nueva York, no tengo la libertad fundamental de unirme a otros conductores para negociar los salarios y los beneficios que necesito para tener una vida mejor, una libertad que necesito con urgencia. La pandemia me enseñó que tener voz en mi lugar de trabajo es una cuestión de supervivencia. Por eso apoyo el histórico proyecto de ley sobre el derecho a la negociación, el cual dará a los conductores de vehículos compartidos y repartidores de Nueva York lo que tienen todos los demás trabajadores: una red de seguridad y el derecho a afiliarse a un sindicato y a negociar colectivamente nuestros salarios y condiciones de trabajo.

 

Llevo más de cinco años trabajando como conductora de Uber y Lyft, luchando por llegar a fin de mes, incluso mientras brindo servicios esenciales a mi comunidad. No hay muchos trabajos que ofrezcan horarios flexibles para inmigrantes como yo. Como madre soltera de tres hijos, necesito que la flexibilidad de las aplicaciones funcione para poder trabajar cuando mis hijos están en el colegio.

Incluso antes de la pandemia, estaba claro que los conductores necesitábamos una voz real para mejorar nuestros salarios y condiciones de trabajo… Las empresas de aplicaciones cambian las reglas para los conductores constantemente, en maneras que nos impiden ganar un salario digno, incluso eludiendo las leyes de salario mínimo existentes. Estar a merced de los caprichos de las grandes empresas tecnológicas me ha tenido luchando para llegar a fin de mes; y el statu quo me mantendrá aquí.

 

En los últimos dos años han encontrado todas las formas posibles de evitar pagar a los conductores de forma justa. Incluso me bloquean la aplicación durante casi todas las horas del día, dejándome, de repente, sin poder trabajar la cantidad de horas que necesito para poder sobrevivir. De forma repentina, las aplicaciones me bloqueaban durante el horario escolar. Los conductores de vehículos compartidos de Nueva York invierten miles de dólares al año solo para obtener la licencia y el seguro, y solo el alquiler de mi vehículo cuesta 600 dólares a la semana, por lo que necesito trabajar todas las horas que pueda. Debido a los bloqueos de las compañías de aplicaciones, mis ingresos cayeron un 80 por ciento y no había nada que pudiera hacer al respecto. Y no fui la única, miles de conductores de toda la ciudad de Nueva York nos quedamos sin nuestro sustento de vida de manera repentina. Los conductores necesitan un contrato real, un contrato sindical para que las empresas no puedan volver a hacernos esto.

 

Cuando la COVID-19 llegó a Nueva York, recordé una vez más lo vulnerables que estamos los conductores a merced de las empresas de aplicaciones. De repente, no había escuela. Entonces, ¿cómo podría trabajar? Como muchos otros padres, realmente no pude. Pero, a diferencia de la mayoría de los trabajadores de Nueva York, ni siquiera sabía si obtendría beneficios por desempleo. El proyecto de ley sobre el derecho a negociar obligará a las empresas de aplicaciones a participar en el programa de desempleo de Nueva York, para que los trabajadores independientes como yo, tengamos la red de seguridad que necesitamos.


Cuando podía conseguir una guardería, quería ir a trabajar al servicio de mi comunidad y trasladar a los trabajadores esenciales, pero conducir durante la pandemia era estresante. No trabajaría sin mascarilla, pero no había ninguna y Uber y Lyft no me las proporcionaban. Para estar segura, tenía que proveerme mi propia mascarilla y tener mascarillas para mis pasajeros. Decidí lanzar una recaudación de fondos para mascarillas con mi organización: NYC Rideshare Club y pedimos algunas de Pakistán, pero el envío se bloqueó debido a las restricciones de la COVID-19. Nuestras mascarillas nunca llegaron. Todavía estamos esperando el envío. Uber proporcionó algunas, pero no fue suficiente. Por suerte, el gremio de conductores independientes trabajó para conseguir mascarillas y yo me ofrecí como voluntaria para ayudar a distribuir los kits de equipos de protección personal (personal protective equipment, PPE) a decenas de miles de conductores. Sin embargo, tras más de un año de pandemia, las empresas de transporte compartido siguen sin proporcionar los PPE adecuados. Siguen negándose a pagarnos por el tiempo que toma limpiar nuestros vehículos entre cada viaje, y sin derechos de negociación colectiva ni sindicato, no tenemos ningún recurso para solucionarlo. Ya es hora de que los trabajadores de vehículos compartidos y repartidores que hemos realizado un trabajo esencial en la pandemia tengamos voz y voto sobre las condiciones de seguridad de nuestros centros de trabajo.

 

Apoyo el proyecto de ley sobre el derecho a negociar. Los conductores de vehículos compartidos y repartidores de Nueva York necesitamos y queremos los derechos de los que ya disfrutan los trabajadores sindicalizados: una voz colectiva para negociar mejores salarios, beneficios y mejores condiciones de trabajo que podamos negociar por nosotros mismos directamente. No podemos permitirnos esperar.

 

Recientemente, algunos funcionarios electos han afirmado que apoyan a los trabajadores independientes como yo, pero no nos respetan lo suficiente como para confiar en que sepamos lo que es mejor para nosotros. Algunos legisladores se han opuesto al proyecto de ley sobre el derecho a negociar, porque creen que saben más que los conductores. Nos dicen que van a aprobar otras leyes para ayudar a los conductores y repartidores, pero no han hecho nada.

 

La ley del derecho a negociar es el primer paso para traer dignidad a nuestros lugares de trabajo y fortalecer una fuerza laboral esencial. Estamos luchando para conseguir las protecciones laborales que tanto necesitamos, como el acceso a salarios constantes, el desempleo estatal y la protección contra la discriminación, y en esta legislación tenemos un vehículo que puede darnos esas protecciones ahora. Los legisladores tienen una opción: confiar en nosotros, respetarnos y ayudarnos al apoyar nuestro derecho a negociar; o mantener un statu quo explotador que nos perjudica.

 

 


Naomi Ogutu es conductora de Uber y Lyft en Nueva York desde hace más de 5 años. Es la fundadora y presidenta del NYC Rideshare Club. Es madre soltera de tres hijos.